UN VIAJE, UN CUENTO

Conjunto de vientos

La Duna de Arcachon, Francia

Puedo hacer infinidad de descripciones acerca de un viaje, desde sumergirme en la profundidad de mis sueños inducidos por algún estimulante artificial o solo relajarme e imaginar parajes misteriosos y desconocidos.
Del latín Itinerarium o ruta.
Como dice Kavafis en su poema Ítaca, una odisea al recorrer el camino. Nuestra propia e invaluable odisea.
Lo importante es disfrutar el trayecto antes que enfocar nuestro objetivo solamente en el destino en sí mismo.
Programar un viaje siempre resulta atractivo. Misterioso.
Antes, cuando viajaba por trabajo, se había convertido en una especie de rutina divina.
Todos los preparativos rondaban alrededor de temas laborales, lugares específicos con presupuesto predeterminado, o más bien diría, acotado.
 Ahora todo aquello parece una versión lejana en mi nueva vida reinventada.
Los cambios son inevitables, los acato sin chistar, como si firmara un pacto de obediencia sin leerlo previamente. No existen las negociaciones.
Siempre tuve la necesidad de adaptarme a algo o a alguien, lo hago inconscientemente.  
Es probable que sea más una sensación de comodidad, que una decisión propia. Lo de adaptarme lo fui transformando en una capacidad. Adaptarse es una virtud.
Cientos, miles, de datos quedan almacenados en una memoria selectiva, almacenados en un disco duro incrustado en el cerebro como un implante coclear.
Acumulo recuerdos, algunos irrelevantes y otros demasiado sugestivos.
Al regresar del viaje escribo casi todo. Escribo y describo el tiempo. Tengo una obsesión con el tiempo y todas sus derivaciones.
Busco las palabras justas para tantos nombres comunes. Es como entrar en un juego. Quiero entender a las cosas que andan sueltas por ahí y hacerlas propias. Tantas palabras dichas en otro idioma. Tantos sabores diferentes. Tan distintas costumbres.
Recapacito dentro de los sentidos que duermen en mis sueños como visiones de vidas pasadas.
Levanto uno por uno los diminutos granitos de arena, esas pequeñas partículas vidriosas que al unirse forman un gigante médano blanco.
Mis emociones pueden convertir la noche en día y viceversa. Puedo transformar lo amargo en una dulce fantasía.
Puedo cambiar la visión de tantos días iguales al disipar la distancia que me separa de otros tiempos.
Los tiempos que añoro.
Relajo mi mente. Suelto lo pesado. Floto. Dejo que me lleve el viento. Distintos vientos. Los que sacuden mis días apurados para hacerlos diferentes.
El conjunto de vientos dulces envuelve mi pelo, lo despeina con sutileza.
También está aquel otro viento frio y filoso que corta mis mejillas con solo rozarlas.
No solo los vientos son los protagonistas de mis historias de viaje. Sumo los mares azules. Los verdes. Los plateados. Las colinas con sus vides. Los olivos.
   Mares infinitos con calas maravillosas y ocultas.
Paisajes recortados esperando pertenecer a una foto para pasar a la inmortalidad.
Las imágenes que capturo son reflejos de instantes místicos, así los llamo, en donde cada pieza encaja en el rompecabezas inconcluso de mi vida.
Me auto percibo como una escritora tardía. Una mujer, que intenta unir con sus propias palabras fragmentos de cosas que quizás nunca pudieron juntarse con anterioridad. Cosas en las que nunca había reparado.
El punto de partida de un viaje comienza mucho antes, antes del antes.
   Comienza en nuestra mente.
Imagino todo. Imagino la fantasía de lograr un cambio de aire. Ese cambio que el cuerpo ejecuta sin razonar.
Entender a un mundo en otro idioma, casi sin hablar. Sin la necesidad de poner a las cosas comunes algún nombre.
Solo oír para escuchar mejor. Mirar para ver mejor. Algo pequeño e insignificante o algo oculto y misterioso.
Llamémoslo hacer acopios de detalles.
Nutrirme ante cualquier trayecto improvisado, con algo que me llene el alma durante el recorrido.
Como un camaleón dentro de los paisajes que habito.
Paisajes con nuevos colores. Paisajes ausentes, aquellos que ya se fueron. O aquellos que quedarán en el recuerdo.  
Estar fuera de mi cuerpo intentando absorber todo lo nuevo. Lo posible y lo imposible también.
Olvidarme por un instante de los días iguales, en el que otro viento soplaba fuerte.   
Muy fuerte, tan fuerte que me arrastraba hacia un abismo peligroso.
Ahora vienen vientos más calmos. Unos transparentes que hacen remolinos de arena dentro de una duna enorme. La duna más gigantesca que haya visto. Jamás.
La majestuosidad de la naturaleza abarca toda la playa “La duna de Pilat”
Arcachón- Francia.
Una experiencia sobrenatural. Me interno en ella. Camino hundiendo mis pies en esa muralla de arena blanca. Siento como si deambulara en un sueño sin querer despertar. Nunca.
Me siento pequeña. Insignificante.
Una personita en miniatura inmersa en una masa de vidrio en polvo.
Los paisajes, esos atrevidos incansables andan sueltos y yo los tomo como propios.
El viaje me ayuda a cambiar la perspectiva. Me permite diferenciar los rasgos comunes de la gente con la de otra gente.
Esa marabunta de personas que caminan para el mismo lado o para otro totalmente opuesto.
Tantas personas sin nombre que se mueven sin parar para mil lados. Para ningún lado. En un recorrido infinito y sin final.
Sigo con los ojos desproporcionados. Juro que no me alcanzan. Los siento fuera de sus orbitas.
Enumerar todos los lugares visitados con exactitud es casi imposible. Aunque lo intento. Son vivencias y sentimientos. Porque viajar es una sensación. Una potente sensación que se te mete en el cuerpo para siempre.
Cada una de mis fotografías muestran el conjunto de otros vientos. Lejanos.
Mis deseos se hacen recurrentes. Espero que el camino que me toque recorrer sea largo y lleno de experiencias.
Ahora vuelve la calma. La bendita vuelta a casa.
La vuelta a una nueva y sorpresiva pasividad. Más liviana. Regreso al presente para poder abrazar lo extrañado.

BIO

Victoria Schajris

(Argentina, Buenos Aires)
Profesora de dibujo. Diseñadora gráfica y textil.
Publicista y artista plástica.
Editó dos libros de cuentos. Hacerme Ovillo (2025 ) y cuentos Deshilachados (2023)
Cuentos con historias ficcionadas. Diferentes y conmovedoras.
Sigue con entusiasmo el camino de la escritura.

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